Qlink
qlink blanco

  Todas las partes de nuestro cuerpo generan energía eléctrica o electromagnética, por dicha razón la contaminación electromagnética, más conocida como electrosmog, puede provocar interferencias en las señales del organismo e impedir la correcta comunicación a nivel celular. Nuestro cuerpo es un imán. Incluso el DNA tiene polaridad. Los encefalogramas registran la electricidad generada por las ondas cerebrales. Los impulsos del sistema nervioso se transmiten a través de ondas de energía. Cada célula genera su propia energía. El cerebro y el corazón son los principales generadores de energía. La coherencia es una cualidad de los campos electromagnéticos del cuerpo. La coherencia de las ondas cerebrales se caracteriza por una creatividad mayor, mejor memoria, mayor concentración y atención. Los campos electromagnéticas artificiales generadas por el hombre rompen la coherencia del biocampo. El Qlink ayuda a restaurar dicha coherencia lo antes posible.

En 1994 la ciencia convencional demostró la existencia de un campo energético sutil que rodea el cuerpo humano. Lo denominaron biocampo, aunque ya era conocido desde tiempo inmemorial por la tradición china e hindú. El biocampo, o sistema energético del cuerpo, es el sistema de señalización del organismo, y resulta esencial para todos los procesos fisiológicos. El estrés de la vida diaria (trabajo, teléfonos móviles e inalámbricos, ordenadores, atascos de tráfico, competiciones deportivas...) agotan el sistema energético del cuerpo dejándonos cansados y agobiados. A la larga, aparece de forma física como molestias o enfermedades. El colgante Qlink te ayuda a equilibrar constantemente el sistema energético del cuerpo.

¿Qué es el QLink?

El QLink es un dispositivo que produce una resonancia con el biocampo existente alrededor del cuerpo humano. Las investigaciones muestran que este campo electromagnético lo emiten las células del cuerpo y juega un papel fundamental en la comunicación intercelular. Un biocampo que funcione correctamente es esencial para mantener un nivel óptimo de salud y bienestar. En el transcurso de la vida diaria, el estrés electromagnético procedente de las emisiones de teléfonos móviles, ordenadores, televisores, microondas o luces fluorescentes ponen inevitablemente en peligro la integridad del biocampo, lo cual repercute a nivel celular. El QLink funciona como un catalizador en el biocampo para ayudar a mantener un equilibrio dinámico ante dichos factores de presión.

El término QLink deriva de 'Quantum Link', ya que su tecnología pionera está basada en las teorías de la física cuántica.

La tecnología que compone internamente el QLink recibe el nombre de Tecnología de Resonancia Simpática (SRT3) (Sympathetic Resonance Technology). Cada colgante integra una célula resonante, similar a un microchip, que está programada con las frecuencias que debería emitir un organismo saludable. El chip SRT se activa gracias a la bobina de inducción de cobre que recoge las microcorrientes del cuerpo y activa el colgante. De este modo, el qlink funciona como un diapasón recordando constantemente al cuerpo sus frecuencias saludables para que éste pueda autocorregirse y resintonizarse con dichas frecuencias.
A lo largo de estos años son muchas las personas que han declarado haber obtenido beneficios con el QLink. Las pruebas médicas sostienen estas declaraciones anecdóticas con una sólida base científica.
 
¿Qué es el biocampo?

Las antiguas tradiciones médicas se refirieron al biocampo como una 'energía sutil' que sostiene y nutre el cuerpo. Algunos autores populares han intentado establecer la conexión entre la física moderna y dicha energía [1][2]. En este caso no se trata de formular dicha 'ciencia del espíritu'. Los desarrollos recientes en biofísica indican que los fenómenos del biocampo pueden empezar a comprenderse en términos científicos.

De acuerdo con la nueva ciencia, el biocampo consiste en un campo electromagnético generado por procedimientos bioeléctricos que tienen lugar en el cuerpo. Dicho campo está constituido por muchas longitudes de ondas diferentes, cubriendo el cuerpo y extendiéndose más allá del mismo. La ciencia de la biocomunicación electromagnética [3] estudia cómo la información biológicamente útil es transportada por el referido campo.

Dicho de un modo más familiar, el biocampo es como una 'nube de información'. Las células corporales tienen la habilidad de emitir información hacia esta 'nube', y asimismo recibir información de la misma. Se podría decir que las células son como miles de trasmisores y receptores de radio, y el biocampo el sistema de transmisión 'inalámbrico' del propio cuerpo. Vamos a exponer esta idea en términos más precisos.

El biocampo y la Biociencia tradicional

Tradicionalmente, la biociencia ha supuesto que el sistema nervioso y el sistema endocrino son la única vía de información de la que disponen las diferentes partes del cuerpo celular para comunicarse entre ellas. Se suponía que había que entender todas las funciones que desempeña el cuerpo de forma coordinada, desde andar hasta las funciones más complejas del sistema inmunológico, en relación con estos sistemas. (Recientemente la neurociencia y la ciencia endocrina se han integrado en el campo de la psiconeuroimmunología [4].) Aun así, los biofísicos más prestigiosos no tienen actualmente ninguna duda de que la biocomunicación electromagnética juega un papel central en la comunicación intercelular [5].

La realidad de la biocomunicación se había pasado por alto durante tanto tiempo porque se presumía que el biocampo era demasiado débil para ejercer efecto alguno sobre el cuerpo [6]. Algunos científicos investigadores centraron sus trabajos en los potentes campos producidos externamente de más de 100 W/m2 que pueden generar calor en el cuerpo e incluso provocar daños celulares. El biocampo corporal producido internamente es de menos de 1W/m2. A esta densidad de potencia no hay efecto de calentamiento en condiciones de temperatura ambiente. (Ese efecto de calentamiento tan insignificante es de la misma magnitud que si pusiéramos la mano a dos metros de distancia de una bombilla convencional de 60W.)

Los primeros experimentos llevados a cabo por Gurvich en los años 20 establecieron la realidad de la biocomunicación electromagnética. Actualmente las investigaciones en el terreno del biocampo la conducen investigadores de gran eminencia [3][7][8]. La mayor parte de las investigaciones se han centrado en la biocomunicación que tiene lugar en la zona visible e infrarroja del espectro electromagnético.

La teoría del biocampo

Algunos modelos teóricos del biocampo han propuesto extender las teorías de campo existentes que provienen de la física [9][10]. Las más destacables son las ampliaciones de las ecuaciones de Maxwell para dar cuenta de la hasta ahora no detectada radiación llamada no-hertziana [11]. (Un análisis excelente de las teorías no-hertzianas y otras lo ofrece Bischof [12].) Estas teorías especulativas pueden configurar parte de la física general en el futuro, pero en la actualidad no son muy bien recibidas por parte de la ciencia convencional. En este artículo nos interesa por esbozar la idea general de un modelo del biocampo que esté totalmente fundamentado en la teoría electromagnética corriente sin hacer referencias a la nueva física especulativa.

El factor más importante para comprender la física del biocampo es valorar cómo la información puede ser trasmitida por campos tan débiles como los que produce el cuerpo. La teoría de la información lineal predice que la biocomunicación es imposible porque cualquier señal con una potencia de alrededor de 1W/m2 debería ser vencida por el ruido de la radiación de fondo. Esta teoría, sin embargo, está basada en la termodinámica del equilibrio, que toma una distribución uniforme de la biorradiación a lo largo de todo el cuerpo. El Premio Nobel Ilya Prigogine ha apuntado que un rasgo esencial de toda vida es que existe lejos del equilibrio termodinámico. Sus ideas han sido ampliamente difundidas en los últimos años como la ‘Teoría de los sistemas complejos’ y la ‘Teoría del Caos’ [13]. Científicamente hablando, una teoría no lineal del biocampo basada en la termodinámica del no-equilibrio permite que las señales se mantengan por encima del ruido de fondo [14].

Puede que la teoría de la termodinámica del no-equilibrio se aborde mejor mediante un ejemplo; todos conocemos los fantásticos patrones que configuran los pájaros cuando se reúnen en bandada. En términos de física, esto es un sistema complejo. De forma intuitiva sabemos que no hay ningún coreógrafo central para el comportamiento, pero los dibujos simplemente surgen a raíz de las reacciones que provoca cada pájaro individualmente hacia sus vecinos más próximos. Ahora podemos trazar una analogía directa entre la forma en que se comportan los pájaros durante el vuelo y el comportamiento del biocampo en un organismo; cada pájaro individualmente es como una célula. Mientras que los pájaros cambian su dirección de vuelo en respuesta a otros pájaros, las células responden a los cambios en el biocampo que les rodea modificando la intensidad de la biorradiación que emiten. Dichas interacciones entre células produce patrones de biorradiación a lo largo de todo el organismo, extendiéndose más allá del mismo. Estos patrones contienen información acerca de los procesos metabólicos producidos en el interior de las células. Mientras que la radiación procedente de una única célula quedaría inundada por la radiación de fondo, el patrón coordinado de la emisión de radiación procedente de millones de células puede mantenerse claramente firme ante el ruido aleatorio. Esta coordinación de células que producen biorradiación recibe el nombre de coherencia [5].La comunicación coherente entre las células proporciona un mecanismo para los procesos metabólicos en células de todo el cuerpo para que se coordinen entre sí. La coherencia es el enlace esencial que hace del biocampo un medio viable para la comunicación en el cuerpo. Un biocampo incoherente no puede proporcionar un sistema de comunicación.

En un sistema complejo, existen muchos patrones coherentes que el sistema puede asumir. Con el transcurso del tiempo, el sistema se establecerá en un patrón durante un tiempo antes de trasladarse a un período de desorganización incoherente. Cuando emerge del desorden, el sistema se ubica y se establece en otro estado coherente tal vez distinto. Este comportamiento resulta obvio si observamos cómo los pájaros asumen un patrón de vuelo durante un período de tiempo, para después reestructurar repentinamente su formación en respuesta a factores externos o elementos aleatorios inevitables. Así mismo sucede con el biocampo. Podemos visualizar la 'nube de información' del biocampo como no estática, pero haciendo transiciones entre un conjunto de patrones coherentes diferentes. La causa de que el biocampo se mueva cíclicamente entre períodos de coherencia y de incoherencia puede ser la aleatoriedad del campo de fondo o bien factores internos o externos de presión electromagnética. Estos periodos de incoherencia en el biocampo conducen a una degradación del sistema de biocomunicación. Teniendo en cuento que el cuerpo depende parcialmente del biocampo para coordinar sus funciones, los períodos de incoherencia conllevan una desconexión en el cuerpo como sistema holístico. Está claro que cuánto más rápido haga el biocampo sus transiciones a través de episodios incoherentes, menos estrés producirá en el cuerpo. Si el biocampo se encuentra constantemente sujeto a presión electromagnética puede permanecer fuera de coherencia prácticamente todo el tiempo, con lo que ello implica para la salud general y el bienestar. Este concepto de coherencia es vital en el funcionamiento del QLink y más adelante lo retomaremos.

La variedad de canales del biocampo

El modelo básico de biocampo es válido, pero hay algunos niveles más de complejidad a los que debemos referirnos antes de poder comprender la función que desempeña el QLink. En primer lugar, el modelo termodinámico de no-equilibrio asumió que se trataba simplemente de las propias células, que emiten y absorben biorradiación de intensidad variable, pero la misma longitud de onda. En realidad, la situación es mucho más compleja. Existen muchos posibles resonadores electromagnéticos en el cuerpo, desde los componentes integrantes de las células hasta los sistemas corporales completos constituidos por millones de células. Debemos cambiar la idea de que las células individuales interactúan con el biocampo con una jerarquía de estructuras, que irían de las microscópicas proteínas hasta un organismo completo. Cada una de estas estructuras responderá a una región limitada de longitud de onda diferente del espectro electromagnético (ver tabla). Las longitudes de ondas resonantes están determinadas por el tamaño de la estructura jerárquica en cuestión, de tal forma que las estructuras más grandes operan en longitudes de ondas más largas. De este modo, el biocampo constituye un sistema multicanal que opera en muchas longitudes de ondas diferentes simultáneamente. El biocampo total es una superposición de varios patrones. Cada uno de estos patrones es un sistema complejo expresado en un canal de longitudes de ondas diferente. Los distintos patrones se superponen entre sí en el espacio dentro el cuerpo y alrededor del mismo.

Radiación   Ultravioleta   Luz visible   Infrarrojo    Microondas    Ondas de Radio 
Intervalo de longitudes de ondas (m) 10-8 to 4*10-7  4*10-7 to 7*10-7  7*10-7 to 10-3  10-3 to 10-1  10-1 to 106 
Estructura de Resonancia   DNA
microtubuals.
Grosor de la membrana celular 
Grosor de la membrana celular  Diámetro celular  Potenciales de acción
del sistema nervioso
Ondas cerebrales 


Tabla: Algunas de las estructuras biológicas y sus correspondientes frecuencias resonantes

Nota Tabla 1. El grosor de la membrana celular aparece dos veces en la tabla. Fröhlich ha señalado que las membranas celulares pueden producir resonancia en la zona del submilímetro además de en la zona micrón del espectro [15]. Ello se debe a la muy elevada polarizabilidad de la membrana junto con sus reducidos grados de libertad (termodinámica). Las membranas celulares pueden por tanto efectuar una condensación tipo Bose-Einstein cuando interactúan con una baja intensidad de campo microondas incluso a temperatura corporal. Exceptuando en los superconductores de elevada temperatura, este tipo de comportamiento es único. Esto ilustra hasta qué punto pueden ser de inesperadas las interacciones del tejido vivo.

Nota Tabla 2. Un QLink interactuará con algunas zonas de longitudes de onda más que en otras. El motivo de ello radica en las diferentes propiedades de absorción del tejido biológico en diferentes longitudes de onda. Por ejemplo, la luz visible solo puede viajar unos pocos milímetros en tejido (y posteriormente y de forma inevitable ser obstaculizada por la ropa y el revestimiento del QLink). Es por eso que no esperamos que el QLink lleve a cabo directamente la radiación de la luz visible. Sin embargo, las otras zonas de longitud de onda tienen unas intensidades mucho más amplias de absorción, lo mismo que conseguirá el QLink en la persona que lo lleve encima del cuerpo.

Unión de canales de biocampo

Los diferentes canales de biocampo se encuentran en diferentes longitudes de onda y por ello no interactúan entre sí directamente. Tampoco son completamente independientes entre sí, en tanto que todas se encuentran sujetas a la misma biología. Los científicos aún no han clasificado debidamente los mecanismos exactos, pero el comportamiento clásico está claro. Si, por ejemplo, un componente del biocampo está interactuando con la membrana celular y otro con los microtubuales, el comportamiento de ambos está inevitablemente ligado por procesos integrados que tienen lugar en el interior de la célula. Otros mecanismos de unión entre las longitudes de onda muy largas y las longitudes de onda muy cortas del biocampo están conectados por el comportamiento macroscópico y el microscópico del sistema nervioso. Un enlace fascinante es el establecido entre los solitones de escala muy diferente en el cuerpo humano.

Los solitones son un tipo de estructura disipativa, que se mueven siguiendo un movimiento ondulado y son únicos en su capacidad de mantener la estructura durante largos periodos de tiempo [16]. Popp ha estudiado los solitones microscópicos, que se propagan mediante moléculas complejas en la célula. Este científico se interesa especialmente por el ADN como molécula 'exiplex', que es capaz de emitir y almacenar luz visible. Así el ADN contribuye a un canal de biocampo en las regiones visibles e infrarrojas del espectro electromagnético. Su descubrimiento consiste en que cuando el ADN interactúa con este componente del biocampo se pueden producir ondas de solitón en una estructura de doble hélice. (Para evitar confusiones, el biocampo es una estructura disipativa compuesta de radiación electromagnética y la onda de solitón es una vibración mecánica en el ADN, con lo cual constituye una estructura disipativa diferente.) Es probable que como la onda de solitón se propaga en la estructura de doble hélice influya en la expresión del código genético. Así, vemos cómo el comportamiento de un componente del biocampo puede influenciar en el desarrollo y la reproducción de las células. De manera significativa, Popp ha sido capaz de mostrar cómo el biocampo emitido por células sanas difiere ampliamente del emitido por células cancerosas.

También se han observado solitones en algunas de las mayores estructuras del cuerpo. En algunas técnicas quiroprácticas avanzadas como los solitones de la técnica Network Spinal Analysis, que propaga a través de la columna vertebral se observan tantas ondas mecánicas como una cuestión de rutina [17]. En este caso, el movimiento de la ondulación vertebral produce un efecto piezo-eléctrico en el tejido nervioso, así como perturbaciones en el líquido cerebroespinal. Dichas perturbaciones provocan a su vez transiciones que hay que realizar en los largos canales de biocampo en longitud de campo entre diferentes estructuras disipativas coherentes.

Biología cuántica

Davydov ha señalado que la interacción del biocampo con las células del cuerpo viene determinada por la mecánica cuántica. Por extensión, las interacciones del QLink también serán de mecánica cuántica. La rama de la mecánica cuántica que se relaciona con los efectos electromagnéticos se llama Electrodinámica cuántica (EDC). La teoría básica de la EDC aplicada a la biología es, sin embargo, lineal y no da cuenta de las condiciones termodinámicas de no-equilibrio del biocampo. Davydov ha desarrollado un enfoque no-lineal que combina la EDC con la teoría de Prigogine [18]. Se ha interesado especialmente por la investigación de solitones biomoleculares.

La teoría de campo cuántico no-lineal resulta extremadamente interesante y la mecánica cuántica puede efectuar interacciones de biocampo en unas formas hasta ahora apenas comprendidas. Para el objetivo de hacer una primera valoración acerca de la existencia de buenas razones científicas para explicar por qué el QLink funciona, no es necesario entrar en estas complexidades.

Algunos aspectos de la teoría del biocampo cuántico ya parecen clarificados. El comportamiento mecánico cuántico debería permitir una mayor flexibilidad en el biocampo debido a una perturbación causada por la energía a punto cero. Suponemos que el campo se moverá entre diferentes modos coherentes de forma más frecuente de lo que predice el modelo no-cuántico. Además se espera mostrar dichas transiciones de forma más rápida y así permanecer globalmente menos tiempo en periodos de incoherencia. Hablando de forma muy aproximada, los efectos mecánicos cuánticos funcionan algo así como una 'vigilancia' para el biocampo; son capaces de ubicar estados coherentes cercanos y 'empujar' el campo directamente en su dirección. Esto reduce el tiempo que pierde el biocampo en estados incoherentes antes de que encuentre un nuevo patrón coherente.

Funcionamiento básico del QLink

El biocampo se entiende como una estructura disipativa electrodinámica cuántica que contiene información importante para el funcionamiento integrado del cuerpo. Cuando una persona lo lleva encima, el QLink se coloca eficazmente en este campo, fuera del cuerpo. La célula resonante del QLink es un conjunto complejo de guías de ondas microscópicas y resonadores [19]. Éstos producen resonancia con series de estructuras coherentes en el biocampo extendido entre muchos canales de longitud de onda desde el infrarrojo hasta el área de corta longitud de onda de la radio. (Los detalles de las mencionadas resonancias constituyen naturalmente un secreto comercial.) Es por ello que el QLink proporciona minúsculas cantidades de realimentación (<10-6W) al cuerpo solamente cuando el biocampo está actuando cerca de ciertos modos coherentes en uno o varios canales. Dicha realimentación funciona como un catalizador que permite que el biocampo se sitúe en sus modos coherentes de una forma más rápida y se permanezca menos tiempo fuera de coherencia.

Antes de explicar este comportamiento catalizador más extensivamente hay que hacer hincapié en dos puntos importantes. En primer lugar, el QLink no contiene ninguna fuente de energía por su cuenta, de forma que no ejerce ninguna influencia externa sobre el biocampo. Simplemente realimenta el biocampo del cuerpo con la bioinformación seleccionada originalmente producida interiormente por el propio cuerpo. La segunda cuestión es que el QLink no interactúa ni bloquea la contaminación electromagnética externa. Su efecto beneficioso se fundamenta simplemente en aumentar la propia habilidad del cuerpo para mantener un biocampo más coherente frente la presión electromagnética externa. Ambos puntos juntos hacen del QLink una tecnología única y simbiótica que trabaja con la habilidad innata del cuerpo para mantener un equilibrio dinámico.

El QLink como catalizador del biocampo

La aparente paradoja del biocampo de un cuerpo es que es sensible de forma sumamente precisa a la retroalimentación de un QLink pero aun así suficientemente potente para mantenerse la integridad ante las intensidades mucho mayores de la contaminación electromagnética externa. La comprensión de esta paradoja radica en la teoría de las estructuras disipativas desarrollada por Prigogine y ampliada por Davydov.

Cada uno de los canales del biocampo puede existir en un estado coherente. Dichos estados pueden resistir a las perturbaciones externas dentro de ciertos límites. Sin embargo, cuando estos límites se sobrepasan, la incoherencia sobreviene durante un período de tiempo, mientras se ubica un nuevo estado coherente. Si un canal es perturbado, la coherencia de los otros canales normalmente permanecerá intacta. Como los canales de biocampo están unidos mediante procesos celulares, esto asegura un mecanismo interno de seguridad, el cual devolverá el equilibrio de forma más rápida al canal alterado. Esto hace que el biocampo sea más resistente ante la contaminación electromagnética externa. Investigadores han indicado que el desarrollo de dicha resistencia es una adaptación evolutiva a la presión electromagnética ejercida por fuentes naturales. Actualmente, la contaminación electromagnética provocada por la acción humana hace que sin duda la robustez del biocampo se encuentre bajo una presión mayor de la que había soportado jamás [20]. Muchos canales del biocampo pueden encontrarse bajo presión simultáneamente y el campo general puede permanecer más tiempo en la incoherencia que en la coherencia. Ello puede conllevar graves consecuencias para la función integrada del ser humano completo.

Reflejando la resistencia de sistemas no-lineales en las perturbaciones aleatorias, su otra característica es la sensibilidad ante las perturbaciones aplicadas con precisión. Para explicarlo de una forma más llana, si cuando el biocampo se encuentra en situación de incoherencia se le da un 'empujón' en un momento preciso, puede querer volver a la coherencia mucho más rápidamente. Es como si los sistemas no lineales lo tuvieran de ambos modos; pueden estar sujetos a enormes cantidades de presión aleatoria con una recuperación calmada y lenta, y, sin embargo, justo cuando se les da la estimulación precisa pueden volver a la coherencia rápidamente. Este es un principio fundamental que se encuentra detrás del funcionamiento del QLink. La célula de resonancia del QLink está delicadamente sintonizada en relación con los modos coherentes más importantes de varios componentes de biocampo. Cuando el biocampo se encuentra en estado de incoherencia, lo que hace es que un canal se acerque a una resonancia del QLink. La minúscula cantidad de realimentación que entonces emana del QLink es suficiente para recatalizar la transición hacia la coherencia de ese canal, (y, siguiendo un efecto en cascada, formar la totalidad del biocampo). De ahí que el QLink funcione como una 'clave de frecuencia' para el biocampo y aumente en gran medida la proporción de tiempo que permanece en coherencia.

Referencias bibliográficas

[1] The Tao of Physics, F. Capra, Shambala, 1999.
[2] The Field, L. McTaggart, Harper Collins, 2002
[3] Bioelectrodynamics and Biocommunication, Ho, Popp, etc., World Scientific 1994
[4] Molecules of Emotion, C. Pert, Scribner, 1997.
[5] The Rainbow and the Worm, Mae Wan Ho, World Scientific 1993
[6] Electromagnetic field Sensitivity, Rea, Fan et al, . Bioelectricity 10, 1991.
[7] Interactions between Electromagnetic Fields and Cells, NATO/Plenum (Nueva York), 1985.
[8] Microwave effects in Biological systems, K.Foster y W.Pickard, Nature 330, 1987
[9] What are Subtle Energies?, W, Tiller, Journal of scientific exploration 7 (3), 293-304.
[10] The Biofield Hypothesis: its biophysical basis and role in medicine, B. Rubik, J Altern Complementary medicine (8), 2002
[11] A New Way of Solving Maxwell’s equations, IEEE Transactions on Antennae and propagation, V.H. Rumsey461-465, Sept 1961.
[12] Non equilibrium and coherent systems in Biology, Biophysics and Biotechnology, Chapter 1, M. Bischof, International institute of Biophysics, Neuss, Alemania 2000.
[13] Complexity, M. Waldrop, Simon y Schuster, 1992.
[14] Non-linear, Electrodynamics in Biological Systems, F. Kaiser, ed. Adey y Lawrence, Plenum (Nueva York), 1984.
[15] Evidence for Bose-condensation-like excitation of coherent modes in biological systems, Physics Letters A, 51, 1975.
[16] Solitons in Biology, in Solitons, ed. Turllinger, Elsevier Science Publishers, 1986.
[17] Chaotic Modelling in NSA,S, Bohacek y E. Jonckheere, Journal of Vertebral Subluxation Research, Vol2. Nº 4.
[18] Biology and Quantum mechanics, A.S. Dayvdov, Pergammon Press 1982.
[19] Cavity Quantum Electrodynamics, P. R. Berman, Boston Academic Press, 1994.
[20] Electromagnetic Fields and Life, A.S. Pressman. N.Y. Plenum 1970.

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